jueves, 9 de mayo de 2013

Os pimpinelos do camiño

Hoy hemos llegado a Fisterra, el fin de la tierra. Pues vale, pues que bien, pues me alegro. Aquí mi menda y la chorva de alquiler que me he cogido "pa" que me acompañe en esta aventurica gallega nos hemos "comío" la friolera de 100 km. Pues tampoco es tanto. Un bilbaíno con el que acabamos de coincidir....(abro paréntesis: Ana me acaba de decir mientras escribo estas chorradas que lleva una colonia nueva y yo le he contestado que muy bien, ella ha renegado y le he dicho que le queda muy bien. Si es que los hombres de hoy día tenemos un tacto especial con las mujeres y éstas no lo saben ver, ossssssssstia puta. Cierro paréntesis) Decía de un bilbaíno que me había encontrado en el albergue que me explicaba que estaba hecho polvo. Le he preguntado por su aventura (solitaria) y me ha respondido que venía caminando de Bilbao (bruto) hasta Fisterra (chalao). Total, 850 km en 24 días.

Bien, retomemos o retrotraigámonos (mierda de palabra, mal escrita seguro, me la pela) al último momento de nuestro blog. Hum, no me acuerdo. Ostias, Ana me ha abandonado. Se ha hido (me encantan las haches, ¿os lo había dicho?) Ha vuelto con khikhos y yo le he tenido que recordar (que raro) dónde porras dejamos este blog por el que no me voy a sacar ni un euro (Conxi, reenvíale la dirección del blog a Amparo, que se ríe mucho).

Jueves, 7 de Mayo (a dos meses de los Sanfermines. Qué cojones le eché cuando los corrí, jopeta)

Un día gris, ni marrón ni negro. Dormimos nosotros dos y una pareja valenciano-venezolana. No sé si ya lo he dicho. Nos levantamos a las 6 de la mañana. Ana se enfada bastante. Me da igual. Aquí hemos benido a sufrir, no de bacaciones. Recogemos el petate y con rigidez militar encauzamos lo que será la etapa más larga del camino, 46 km. El día amanece lluvioso, intempestivo, hediondo y sufrido. Nada más salir un chalado del pueblo nos recuerda lo mal que está el tiempo y acaba (no sé cómo) hablando del asesinato de Carrero Blanco. La verdad es que a los gallegos rurales se les entiende la mitad. Paramos unos kilómetros más adelante en una bar de una pequeña aldea. Allí una amable mujer septuagenaria (te flipas mi dominio del léxico generacional) nos sirve un espléndido café con leche (200 ml de café y 5 de leche, olé sus cojones, esto es un café con leche gallego). Un hombre mayor que no hablaba más que hincoherencias nos acompaña en el café (delicioso, todo hay que decirlo). Proseguimos viaje, bla bla. Todo muy bonito, menos que no hay rubias super guapas locas por mi (ni morenos super guapos locos por la chalada de la Ana). Llegamos a Muxía d´hora, pues el día nos obliga a machacarnos las piernas y la mente (desgaste mental, si no te lo crees pon una mujer en tu vida durante una semana, incomunicada del mundo y de los amigotes, el fútbol, las putas y las borracheras).

Viernes, 8 de Mayo

De Muxía a Fisterra. El albergue municipal de Muxía era bueno, bonito y barato. Dormimos de puta madre, nos levantamos a las 7 a.m. (contínua Ana, la académica, buena escritora, no dirá ni una palabrota, en fin, os lo podéis evitar si queréis).

Tras el pertinente intercambio de sillas procedo a tomar las riendas de este blog (ya era hora). Pues sí, nos levantamos a las 7 de la mañana y, tras desayunar fruta, yogur, infusión............. y sin café! (gran esfuerzo por mi parte), intentamos buscar el atajo del que nos habían hablado el día anterior. Yo sin café no era nadie, no fui capaz de encontrarlo. Jose, con su habitual desorientación tempo-espacial, tampoco. Al final conseguimos unir las pocas neuronas que andaban despiertas a esas horas y logramos enfilar carretera arriba hasta hallar del camino acertado.

La jornada de hoy ha sido realmente agradable, tanto paisajística como meteorológicamente: por fin ha vuelto a salir el sol!! hemos caminado entre bosques de pinos, algunos eucaliptos que aún han salpicado el entorno y cerca del mar, aunque sólo a ratos. Ah, el almuerzo lo hemos hecho en la escalera de una curiosa casa... José Luis, que es lo más cotilla del mundo, ha descubierto que la puerta estaba abierta y desde allí se vislumbraban unos zapatos de tacón de mujer en una habitación que parecía abandonada... Hemos entrado a la casa, inevitablemente, y daba la sensación que alguien había salido precipitadamente de allí hace algunos años, como dejaban claro las telarañas que había por todas partes. Una bata colgada a la entrada, un aparato eléctrico enchufado, una maleta sin terminar de hacer sobre la cama... En fin, el escenario de una historia. Jose se encargará de escribirla :P

Unos kilómetros después hemos llegado a Lires, aldea intermedia entre Muxía y Fisterra. Allí, final y ansiadamente, hemos podido tomar un café con leche. Bendito invento americano!!! Después del café me ha parecido que la mochila se ajustaba mejor a mi espalda, que mis pies andaban más ligeros, que mi mente se despejaba... Así que he empezado a taladrar un ratito a mi compañero de viaje. Para las veces que me toca aguantarle a mí.

Hemos comido frente al Atlántico, en un recodo que nos protegía un piquito del viento, viendo las olas estrellarse contra la arena (ooohhhh.....).

Con marcha tranquila y conversaciones sobre los respectivos árboles genealógicos, así como alguna que otra corrección el camino por la gente de por aquí (gracias a ellos no nos hemos perdido en más de una ocasión), hemos llegado finalmente a Fisterra. La verdad es que aún no hemos visitado el pueblo ni hemos ido al Faro, aunque me da que esto último va a quedar para la próxima vez (entre ida y vuelta son casi dos horas, son las 21.20, tenemos hambre y estamos cansados, así que...).

Os Pimpinelos do Camiño os dejan hasta otro día o hasta la vuelta!!

P.D.: Mi móvil ha muerto. No tengo whatsapp, no tengo internet en el teléfono, no tengo sms... no tengo nada. pero la vida sigue, o eso parece.



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